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DE LA IMPRENTA EN FRANCIA

profundamente el régimen económico del Imperio, bien sea en otros de menor escala, como los relativos á los abastecimientos de París, serán siempre honroso título para quienes no miren con desconfianza todos los progresos humanos. En el mismo orden de ideas la ley sobre coaliciones de obreros toca ya en el límite extremo de la libertad económica, y pudiera arredrar á los que creen peligrosa en el continente la imitación de los ejemplos que da Inglaterra. Sobre su política extranjera será lícito formar diversos juicios, y podrá decirse que es poco sólido ó que es quimérico el sistema que intenta reemplazar con la confianza recíproca y el amor á la paz de los pueblos, las garantías del antiguo equilibrio. Pero nadie negará que rinde homenaje á nobles sentimientos al proclamar altamente, en desprecio de añejas rutinas y envidiosas rivalidades, que mejores frutos debe esperar cada estado de la prosperidad de otras naciones que del empobrecimiento y ruina de sus vecinos.

Por último, y para acercarnos más al asunto que nos ocupa, cuando en 24 de Noviembre de 1860 restablecía el Emperador cierta latitud en los debates de las Asambleas políticas, y en 19 de Enero de 1867 daba nuevos pasos por el mismo camino, ofreciendo la libertad de imprenta y el derecho de reunión, aunque sea con trabas y limitaciones, sorprendía con estas inesperadas medidas á sus ministros, se adelantaba á las reclamaciones de la opinión pública postrada y dormida desde las graves calamidades y mayores peligros de 1848; y como después hemos visto, se ponía en contradicción con la opinión y deseos de muchos sostenedores de su anterior política.

Ante el espectáculo extraordinario de un Gobierno que espontáneamente abandona alguna de sus prerogativas, los que hacen gala de suspicacia y sutileza, procuran siempre inquirir cuál es el oculto móvil de desprendimiento tan inesperado é inverosímil. Y en efecto; la generosidad, con ser como es dote muy estimable, no viene al caso en materias políticas cuando se trata del poder que no ha sido confiado al Soberano para su propia comodidad y provecho, sino para fianza y resguardo de la paz pública.

De modo alguno se ha de imaginar tampoco que á restituir su libertad á la imprenta se viera el Emperador de los franceses obligado por alguna necesidad apremiante y misteriosa. Tiene en sus manos el ejercicio de la autoridad soberana, que si bien proviene del sufragio universal, no por eso es más restringida ni flaca;