Página:Descripción de Patagonia y de las partes adyacentes de la América meridional.djvu/12

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 VI

Las observaciones de los marinos no se extienden mas adentro de la costa, y su rápida aparicion eu algunos de sus puntos, no les deja el tiempo necesario para estudiar la índole de sus habitantes. A este vacio suple la obra del P. Falkner, que, aunque no siesnpre exacto en sus detalles topográficos, merece crédito en lo demas, por haber vivido por muchos años entre las tribus que describe. El conocimiento, aunque superficial, que tenia de sus idiomas, era bastante á ponerle en relacion con ellos, y á examinar con mas esmero sus usos y costumbres. Puede creérsele, cuando se descubre cierta conformidad y analogía entre lo que escribe, y lo que observó al cabo de cincuenta años el Señor Cruz, cuyos viages hemos reunido de intento en el mismo volúmen.


Estas nociones adquiridas á costa de grandes privaciones y de incesantes peligros, no deben mirarse con desdén, aunque se les note algún defecto. ¿Cual es el libro de geografía que no manifieste sus errores al que lo compare con los que le son posteriores?..... El de Falkner no medra por grandes conocimientos, pero no deja de presentar en sus páginas alguna indicacion útil, y otras, que sin serlo, tienen una importancia relativa, por señalar el estado en que se hallaba la geografía de estos paises en la mitad del siglo pasado.


Otra prueba del crédito de que ha disfrutado esta produccion, es el haber servido de texto para la formacion del gran mapa de América Meridional, del que se ha valido el Sr. Arrowsmith, y que publicó en Madrid en 1775, D. Juan de la Cruz Cano y Olmedilia: nada hemos visto hasta ahora que deje en problema el mérito de estos mapas. Lo que sí parece destinado á eclipsarlos es el diario de la expedicion al Colorado y al Rio Negro, al mando del Ilustre General ROSAS, que ha recorrido en triunfador los mismos parages descriptos por Falkner. El espíritu de orden, que no es la menor prenda de este benemérito Magistrado, ha presidido á todas las operaciones de su memorable campaña, y no dudamos que cuando las demás atenciones que le rodean le dejen el tiempo necesario para coordinar los materiales preciosos que tiene acopiados, se derramará una gran luz sobre el territorio y las tribus que ha conquistado. Lo que se ha impreso ya, aunque en trozos aislados, dá una idea sumamente ventajosa de estos tra-