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IV
PRÓLOGO

trado aun. Los aficionados a indagar las etimologías de nombres geográficos o de términos vulgares extraños a la lengua castellana y de probable origen araucano, encontrarán en nuestro Diccionario solución satisfactoria de no pocas dudas, y ocasión para rectificar más de alguna interpretación errónea hasta ahora sostenida: pero también notarán al mismo tiempo que algunos términos muy conocidos y que tal vez figuran en los Vocabularios antiguos no aparecen en esta obra. Estas omisiones, en parte, no son involuntarias: y provienen de que en el nuevo Diccionario intencionalmente no hemos reproducido de los autores antiguos sino los vocablos que están todavía en uso hoy día o que, por lo menos, eran conocidos de nuestros intérpretes araucanos.

Muy interesante sería el trabajo que propone el Dr. don Rodolfo Lenz, de hacer un Diccionario colectivo de las palabras contenidas tanto en los Vocabularios antiguos, como en este nuevo, transcribiendo aquellas a la fonética moderna. Nuestro intento, empero, que es idéntico con el de la Prefectura Apostólica a cuyas órdenes estamos, no ha sido hacer un Diccionario histórico, sino uno del araucano moderno, que sirva a los Misioneros para poder hablar a los indígenas en un lenguaje correcto, bien inteligible para ellos. En cuanto a esto último podemos garantizar que las palabras que figuran en nuestra obra las hemos oído emplear por los indígenas.

Ciertamente no nos hemos limitado a buscar las palabras necesarias para expresar las doctrinas de nuestra Santa Religión: en el trato con los indígenas y más especialmente con nuestros intérpretes, hemos preguntado por cuánto hay en la naturaleza que los circunda y en sus casas y costumbres, y hasta hemos abordado cuestiones de ciencias humanas, dando las explicaciones del caso a nuestros intérpretes, sondeando lo que saben ellos y lo que pueden en- tender, y cómo reproducen lo que han comprendido. Pero si el Diccionario había de ser una obra completa que correspondería a todas las exigencias, para ello no era suficiente el espacio de casi veinte años de nuestra estada en Chile, aun cuando hubiésemos podido ocuparnos exclusivamente en coleccionar el material, y ni hemos podido aprovechar el recogido en toda su extensión, porque nos parecía preferible dejar la obra eu relativa imperfección y publicarla para que pudiera empezar a prestar la utilidad que se espera de ella para los fines de nuestra sagrada misión.

II.— LOS INTÉRPRETES.

Nos da verdadera satisfacción perpetuar los nombres de aquellos araucanos que de una manera especial nos prestaron su cooperación en nuestras indagaciones lingüísticas, porque lo merecen. Les hemos recompensado en algo sus buenos servicios, pero no equitativamente, porque no se puede pagar la amistad que abre su corazón, ni tampoco tanta paciencia, pues les preguntábamos cien veces, hasta fastidiarlos, por dar con el sentido, la pronunciación de una palabra, el régimen de algún verbo, y ellos velaban con nosotros hasta