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DE DIÓGENES LAERCIO.

hubo más que un Ferecides, pues el otro, escritor de genealogías, fue ateniense. De Ferecides Sirio nos ha quedado un libro, cuyo principio es: «Júpiter y el tiempo y la tierra fueron siempre una misma cosa. La tierra se llamaba terrena después que Júpiter la hizo honores». En la Isla de Siros se conserva un heliotropio[1] de Ferecides. Duris, en el libro segundo De las cosas Sacras, dice que se le puso este epitafio:

Da fin en mí sabiduría toda;
y si más a Pitágoras se debe,
es por ser el primero de los griegos.

 Ion Quío escribe de él así:

Yace sin alma, y dulce vida goza;
y aunque cede a Pitágoras la palma,
vio y aprendió los usos de los hombres.

 Mi epigrama, en verso ferecrático, dice así:

Se dice por seguro
que el grande Ferecides,
en Siros engendrado,
mudó su primer forma,
comido de piojos.
A tierra de Magnesia
ser quiso conducido,
para dar la victoria
a los nobles efesios.
Esto mismo mandaba
  1. Parece sería algún instrumento matemático, o máquina para observar la declinación y regreso del sol en los trópicos.