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LIBRO III.

bastante por sí sola para la felicidad; pero necesita de los bienes del cuerpo como a instrumentos, v.gr., la fortaleza, la salud, la agudeza de sentidos y demás cosas semejantes. También necesita de los bienes externos, como son: las riquezas, la nobleza, la celebridad[1]; pero aunque falten estas cosas, será no obstante feliz el sabio. Antes por el contrario, gobernará la república, contraerá matrimonio y no quebrantará las leyes puestas. Las dará también a su patria útiles en cuanto quepa; a no ser que las crea infructuosas por la indocilidad y corrupción del pueblo». Es de sentir que «los dioses atienden a las cosas humanas, y que hay espíritus»[2]; y es el primero que dijo que «la noción de lo honesto va unida a la de lo laudable, de lo racional, de lo útil, de lo ilustre y de lo conveniente. Todas las cuales cosas encierran lo que por su naturaleza es racional y confesado por todos».

 42. Disputó de la rectitud de los hombres, y estableció el primero la ciencia de responder y preguntar rectamente, usándola él mismo en sumo grado. En sus Diálogos establece por ley la justicia divina a fin de incitar con más vehemencia los hombres a la virtud y al bien obrar, para no padecer los malhechores las debidas penas en la otra vida. Por esto algunos lo tuvieron por mitólogo, ya que entretejía en sus escritos estos apólogos para contener los hombres, siendo incierto que después de la muerte suceden estas

  1. δλξης.
  2. δάίμονας.