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MACBETH.

LA SOMBRA.

Macheth, Macheth, Macheth.

MACBETH.

Aplico tres oidos para escucharte.

LA SOMBRA.

Si eres cruel, implacable y sin entrañas, ninguno de los humanos podrá vencerte.

MACBETH.

Entonces ¿por qué he de temer á Macduff?... Puede vivir seguro... Pero no... es más seguro que perezca, para tener esta nueva prenda contra el hado... No le dejaré vivir; desmentiré así á los espectros que finge el miedo, y me dormiré al arrullo de los truenos.

(La sombra de un niño, con corona y una rama de árbol en la mano.)

¿Quién es ese niño que se ciñe altanero la corona real?

BRUJAS.

Óyele en silencio.

LA SOMBRA.

Sé fuerte como el leon: no desmaye un punto tu audacia: no cedas ante los enemigos. Serás invencible, hasta que venga contra tí la selva de Birnam, y cubra con sus ramas á Dunsinania.

MACBETH.

¡Eso es imposible! ¿Quién puede mover de su lugar los árboles y ponerlos en camino? Favorables son los presagios. ¡Sedicion, no alces la cabeza, hasta que la selva de Birnam se mueva! Ya estoy libre de todo peligro que no sea el de pagar en su dia la deuda que todos tenemos con la muerte. Pero decidme, si es