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MACBETH.

cayó. Muchas veces el crímen toma la máscara de la virtud.

MACDUFF.

¡Perdí toda esperanza!

MALCOLM.

Siempre me quedan mis dudas. ¿Por qué has dejado abandonados á tu mujer y á tus hijos, á cuanto quieres en el mundo? Perdóname. Quizá te ofendan mis recelos. Puede ser tambien que tengas razon. Pero yo con esos recelos me defiendo.

MACDUFF.

¡Llora sin tregua, pobre Escocia! Horrible tiranía pesa sobre tí: los buenos se callan, y nadie se atreve á resistirla. Has de sufrir en calma tus males, ya que tu Rey vacila y tiembla. Señor, me juzgas mal. No seria yo traidor ni áun á precio de toda la tierra que ese malvado señorea, ni por todas las riquezas del Oriente.

MALCOLM.

No he querido ofenderte, ni desconfio de tí en absoluto. Sé que nuestra pobre Escocia suda llanto y sangre, oprimida por ese bárbaro. Sé que cada dia aumentan y se enconan sus heridas. Creo también que á mi voz muchos brazos se levantarian. Ahora mismo Inglaterra me ofrece miles de combatientes. Pero cuando llegase yo á pisotear la cabeza del tirano ó á llevarla en mi lanza, no seria más feliz la patria bajo el reinado del sucesor de Macheth, antes crecerian sus infortunios.

MACDUFF.

¿De qué sucesor hablas?