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ROMEO

que los rayos del sol cuando ahuyentan las sombras de los montes. Por eso pintan al amor con alas. Ya llega el sol á la mitad de su carrera. Tres horas van pasadas desde las nueve á las doce, y él no vuelve todavía. Si ella tuviese sangre juvenil y alma, volveria con las palabras de su boca; pero la vejez es pesada como un plomo. (Salen el Ama y Pedro.) ¡Gracias á Dios que viene! Ama mia, querida ama... ¿qué noticias traes? ¿Hablaste con él? Que se vaya Pedro.

AMA.

Vete, Pedro.

JULIETA.

Y bien, ama querida. ¡Qué triste estás! ¿Acaso traes malas noticias? Dímelas, á lo menos, con rostro alegre. Y si son buenas, no las eches á perder con esa mirada torva.

AMA.

Muy fatigada estoy. ¡Qué quebrantados están mis huesos!

JULIETA.

¡Tuvieras tus huesos tú y yo mis noticias! Habla por Dios, ama mia.

AMA.

¡Señor, qué prisa! Aguarda un poco. ¿No me ves sin aliento?

JULIETA.

¿Cómo sin aliento, cuándo té sobra para decirme que no le tienes? Menos que en volverlo á decir, tardarias en darme las noticias. ¿Las traes buenas ó malas?