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ROMEO

que está encendida en el monumento de los Capuletos.

BALTASAR.

Verdad es, padre mio, y allí se encuentra mi amo, á quien tanto quereis.

FRAY LORENZO.

¿De quién hablas?

BALTASAR.

De Romeo.

FRAY LORENZO.

¿Y cuánto tiempo hace que ha venido?...

BALTASAR.

Una media hora.

FRAY LORENZO.

Sígueme.

BALTASAR.

¿Y cómo, padre, si mi amo cree que no estoy aquí, y me ha amenazado con la muerte, si yo le seguia?

FRAY LORENZO.

Pues quédate, é iré yo solo. ¡Dios mio! Alguna catástrofe temo.

BALTASAR.

Dormido al pié de aquel arbusto, soñé que mi señor mataba á otro en desafío.

FRAY LORENZO.

¡Romeo! Pero ¡Dios mio! ¿qué sangre es esta en las gradas del monumento? ¿Qué espadas estas sin dueño, y tintas todavía de sangre? (Entra en el sepulcro.) ¡Romeo! ¡Pálido está como la muerte!