Página:Dramas de Guillermo Shakespeare.djvu/446

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OTELO.

EMILIA.

Quiera Dios que sean negocios de Estado, como sospechais, y no vanos recelos y sospechas infundadas.

DESDÉMONA.

¡Celos de mí! ¿Y por qué causa, si nunca le he dado motivo?

EMILIA.

No basta eso para convencer á un celoso. Los celos nunca son razonados. Son celos porque lo son: mónstruo que se devora á sí mismo.

DESDÉMONA.

Quiera Dios que nunca tal mónstruo se apodere del alma de Otelo.

EMILIA.

Así sea, señora mia.

DESDÉMONA.

Yo le buscaré. No te alejes mucho, amigo Casio. Y si él se presenta propicio, redoblaré mis instancias, hasta conseguir lo que deseas.

CASIO.

Humildemente os lo agradezco, reina. (Vanse Emilia y Desdémona.) (Sale Blanca.)

BLANCA.

Buenos dias, amigo Casio.

CASIO.

¿Cómo has venido, hermosa Blanca? Bien venida, seas siempre. Ahora mismo pensaba ir á tu casa.

BLANCA.

Y yo á tu posada, Casio amigo. ¡Una semana sin