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EL MERCADER

cada mes un vestido nuevo.—Jéssica, ven, ¿cómo te lo he de decir?

LANZAROTE.

Sal, señora Jéssica.

SYLOCK.

¿Quién te manda llamar?

LANZAROTE.

Siempre me habiais reñido, por no hacer yo las cosas hasta que me las mandaban.

(Sale Jéssica.)
JÉSSICA.

Padre, ¿me llamabais? ¿qué me queréis?

SYLOCK.

Hija, estoy convidado á comer fuera de casa. Aquí tienes las llaves. Pero ¿por qué iré á ese convite? Cierto que no me convidan por amor. Será por adulacion. Pero no importa, iré, aunque sólo sea por aborrecimiento á los cristianos, y comeré á su costa. Hija, ten cuidado con la casa. Estoy muy inquieto. Algún daño me amenaza. Anoche soñé con bolsas de oro.

LANZAROTE.

No faltéis, señor. Mi amo os espera.

SYLOCK.

Y yo también á él.

LANZAROTE.

Y tienen un plan. No os diré con seguridad que veréis una función de máscaras, pero puede que la veais.

SYLOCK.

¿Función de máscaras? Oye, Jéssica. Echa la llave á todas las puertas, y si oyes ruido de tambores ó de