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EL MERCADER

propia liviandad y ligereza, precisamente cuando me importa más ocultarme?

LORENZO.

Bien oculta estarás bajo el disfraz de gallardo paje. Ven pronto, la noche vuela, y nos espera Basanio en su mesa.

JÉSSICA.

Cerraré las puertas y recogeré más oro. Pronto estaré contigo.

(Vase.)
GRACIANO.

¡Á fe mia que es gentil, y no judía!

LORENZO.

¡Maldito sea yo sino la amo! Porque mucho me equivoco, ó es discreta, y ademas es bella, que en esto no me engañan los ojos, y es fiel y me ha dado mil pruebas de constancia. La amaré eternamente por hermosa, discreta y fiel. (Sale Jéssica.) Al fin viniste. En marcha, compañeros. Ya nos esperan nuestros amigos. (Vanse todos menos Graciano.) (Sale Antonio.)

ANTONIO.

¿Quién?

GRACIANO.

¡Señor Antonio!

ANTONIO.

¿Solo estáis, Graciano? ¿y los demás? Ya han dado las nueve, y todo el mundo espera. No habrá máscaras esta noche. El viento se ha levantado ya, y puede embarcarse Basanio. Más de veinte recados os he enviado.

GRACIANO.

¿Qué me decis? ¡Oh felicidad! ¡Buen viento! Ya siento ganas de verme embarcado.