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EL CARDENAL CISNEROS

caprichos ó á sus complacencias sin protesta y acaso con exterioridades de gusto de que se desquitan ampliamente después con impunes y vergonzosas murmuraciones.

No faltaron personas que trasmitieron á la Reina las palabras del Arzobispo, deseosas de labrar la desgracia de quien tachaban de arrogante é ingrato, para reemplazarle en el favor de que gozaba; pero los lugares comunes de la adulación y de la envidia, que se abren fácil camino en espíritus mezquinos y recelosos, encontraban siempre cerrado el noble pecho de aquella gran Reina que, al otorgar su confianza á un hombre de las extraordinarias prendas y de las eminentes virtudes de Cisneros, supo sostenerle en su favor, mientras viviera, dejando en aquel buen viejo, después de morir, á su marido, á su hija y á sus nietos, el mejor consejero y el mejor sosten para dias de confusión y de revuelta (que nunca faltan á las mejores dinastías), en que los envidiosos y los miserables que ocupan el poder por la adulación, por la intriga ó por la bajeza sólo se arriman á su innoble comodidad, á su ruin ambición ó á su particular provecho cuando no son escándalo de todos por su infame cobardía ó por su traición villana.

Como era de esperar, el recibimiento áspero y desabrido de Cisneros, despertó el disgusto y hasta la ira de la familia de los Mendozas, dando lugar á la maledicencia á que ponderase la ingratitud de aquel para con sus bienhechores; pero el insigne Arzobispo no habia de tardar en sacar partido de este mismo incidente para levantarse á mayor altura en el ánimo de la Reina, de la misma familia agraviada y aún de la maldiciente muchedumbre. Un dia Cisneros, al penetrar en Palacio, se encontró á D, Pedro Hurtado de Mendoza, el desairado pretendiente, el cual, queriendo evitar encuentro tan desagradable, quiso retirarse; pero el Arzobispo, adelantándose, le saludó, llamándole por el título de que se consideraba desposeído, lo cual produjo no poca confusión en Mendoza. Cisneros se aproximó en seguida, y le dijo que en efecto él era el Adelantado de Cazorla puesto que ahora que obrada con toda independencia, podía hacer completa justicia a sus méritos, sin que se atribuyera este acto á recomendación de nadie, sino á satisfacción de su propia conciencia; que se complacia en reintegrarle en su cargo, del cual se habia mostrado tan digno, y que le daria ocasión para prestar nuevos servicios á los Reyes, á la causa pública y al Arzobispo que le nombraba.