Ir al contenido

Página:El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha (1905, vol 1).djvu/241

De Wikisource, la biblioteca libre.
Esta página ha sido corregida
137
DON QUIJOTE DE LA MANCHA

ser que me deparase la ventura aquella de Amadís cuando se llamaba el caballero de la Ardiente Espada, que fué una de las mejores espadas que tuvo caballero en el mundo; porque, fuera de que tenía la virtud dicha, cortaba como una navaja, y no había armadura, por fuerte y encantada que fuese, que se le parase delante.

—Yo soy tan venturoso, dijo Sancho, que cuando eso fuese, y vuestra merced viniese á hallar espada semejante, sólo vendría á servir y aprovechar á los armados caballeros, como el bálsamo; y á los escuderos, que se los papen duelos.

—No temas eso, Sancho, dijo don Quijote; que mejor lo hará el cielo contigo.

En estos coloquios iban don Quijote y su escudero, cuando vió don Quijote que por el camino que iban, venía hacia ellos una grande y espesa polvareda; y en viéndola, se volvió á Sancho y le dijo:

—Este es el día ¡oh Sancho! en el cual se ha de ver el bien que me tiene guardado mi suerte; este es el día, digo, en que se ha de mostrar tanto como en otro alguno el valor de mi brazo, y en el que tengo de hacer obras que queden escritas en el libro de la fama por todos los venideros siglos. ¿Ves aquella polvareda que allí se levanta, Sancho? Pues toda es cuajada de un copiosísimo ejército, que de diversas é innumerables gentes por allí viene marchando.

—A esa cuenta, dos deben de ser, dijo Sancho, porque desta parte contraria se levanta asimesmo otra semejante polvareda.

Volvió á mirarlo don Quijote, y vió que así era la verdad; y alegrándose sobremanera, pensó sin duda alguna que eran dos ejércitos que venían á embestirse y á encontrarse en mitad de aquella espaciosa llanura; porque tenía á todas horas y momentos llena la fantasía de aquellas batallas, encantamentos, sucesos, desatinos, amores, desafíos, que en los libros de caballería se cuentan, y todo cuanto hablaba, pensaba ó hacía era encaminado á cosas semejantes. Y la polvareda que había visto la levantaban dos grandes manadas de ovejas y carneros, que por aquel mismo camino de dos diferentes partes venían, las cuales,