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El Casamiento de Yamata

los criados lo rodearon de un trenzado de cañas que formaban como una muralla. También pusieron cañas sobre la hierba, colocando sobre ella, mesitas bajas, de laca negra, adornadas con oro. No tardó el suelo en cubrirse de cacerolas y platos, llenos de arroz y de sake, facilitados por el posadero.

La cantadora de leyendas, después de haber instalado su pupitre adornado con dos gruesas borlas rojas, apoyó en él su biva, y paseó, cogiendo flores.

Los nuevos amigos charlaban por grupos, pero la madre, batiendo palmas, exclamó:

—¡Pronto!... ¡pronto!...

Todos se colocaron en círculo, y cogiendo con una mano bastoncitos de laca ó de marfil, que se manejan como alfileres, empezaron á comer.

Boitoro estaba muy contento. Reía y bromeaba con su futuro cuñado devorando con los ojos á la bella Yamata. Mizou parecía también muy alegre y miraba á Miodjin sonriendo; pero éste, pálido y silencioso, no levantaba la vista del suelo y apenas comía.

Yamata no comía tampoco.

Futen seguía hablando, en voz baja, con la cantante y ésta cantaba improvisando, al compás de su biva, y sus canciones se referían á las secretas preocupaciones de todos; hablaba de unos jóvenes que, sentados sobre la hierba, comían juntos por vez primera. Pensando en las comidas familiares que hacen á diario los que aman, bebían sake en tazas con fundas de paja, pero pensaban que era más dulce vaciar el

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