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El Japón

gados por el artesano japonés, para llegar á fabricar una laca tan perfecta. El barniz es extraordinariamente corrosivo y es preciso usarlo con grandes precauciones. Es el producto resinoso de un arbusto llamado en el Japón Ourousi-no-Ki y en China el árbol Tsi. Esta resina líquida se recoge en unas cazoletas colocadas por debajo de las incisiones que se hace en los árboles á diversas alturas; el precioso licor corre durante la noche, pero en tan pequeña cantidad que cada mil árboles dan diez y ocho ó veinte libras de laca.

No existen menos de cien clases de laca, aparte de las clases corrientes. Se barniza con ella en diferentes tejidos cuyos dibujos se ven á través del barniz transparente, en tules traídos de Europa, lo que le da el aspecto de piel de serpiente; se imita la corteza del pino, el bambú, la paja natural, plateada ó dorada, se tiñe el nácar con reflejos glaucos ó purpúreos; se espolvorea de polvo de oro ó de plata que centellea sobre un fondo de todos los matices; después vienen las lacas negras, verdes, obscuras, escarlatas, castañas, todas de una finura y pureza admirables.

Cuando el objeto que se va á barnizar ha recibido tres manos de una substancia compuesta de cal, papel cocido y goma, y están secas, se rascan con una piedra plana y dura ó con un pulidor de bambú, se mezcla el barniz en una paleta de cobre, frotando muy lenta é igualmente con la materia colorante; después se le dan, por lo menos, cinco manos diferentes y se le deja

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