Página:El Tratado de la Pintura.djvu/243

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De Leonardo de Vinci — 149

§ CCCXXVIII.

Por qué parecen azules las sombras que se advierten en una pared blanca á la caída de la tarde.

Las sombras de los cuerpos producidas del resplandor del sol al tiempo de ponerse, parecen siempre azules. La razón la da la proposición II.ª que dice: la superficie de cualquier cuerpo opaco participa del color de su objeto. Luego estando la blancura de la pared sin color alguno, se teñirá del color de los objetos que tiene, los cuales en este caso son el sol y el cielo: y como el sol por la tarde se pone rubicundo, y el cielo es azul, la parte umbrosa que no mira al sol (pues como dice la proposición 8.ª: ningún luminoso mira la sombra del cuerpo á quien ilumina) será vista del cielo: luego por la misma proposición la sombra derivativa herirá en la pared blanca imprimiendo el color azul, y la parte iluminada por el sol tendrá el color encendido como él.


§ CCCXXIX.

En dónde es mas claro el humo.

Visto el humo al través del sol, parecerá mucho mas claro que en ninguna otra parte de donde sale. Lo mismo sucede con el polvo y con la niebla; y si se miran teniendo el sol á la espalda de la vista, parecen oscuros.


§ CCCXXX.

Del polvo.

El polvo que levanta algún animal cuando corre, cuanto mas se eleva, mas claro parece; y al contrario, mas oscuro, cuanto mas bajo, mirado siempre al través del sol.