Página:El Tratado de la Pintura.djvu/26

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IV

una idea idéntica de aquella cara, volvia á su casa, y la retrataba como si la tuviese presente. Y dice Paulo Lomazo en su libro 6.° de la Pintura que en su tiempo tenia Aurelio Lovino cincuenta cabezas de estas dibujadas en un libro de mano de Vinci. Por este estilo está pintado el cuadro que hay en Paris, y se conserva entre otros muchos en el palacio de las Tuilleries, al cuidado de Mr. Le Maire, pintor, como todos saben, de no muy comun habilidad, que representa a dos ginetes en accion de arrebatar violentamente á otros dos una bandera: este grupo componia parte de una obra mucho mayor, que era el carton que hizo para el salon del palacio de Florencia, como adelante se dirá, y por su hermosura lo pintó en pequeño con sumo gusto y aficion: y ademas del fuego de los caballos y la bizarría de los trages, se ven las cabezas de los combatientes con semblante tan furioso, tan ardiente y colérico, y con ademan tan extraordinario y particular, y (como suele decirse) con tal caricatura, que al mismo tiempo causan espanto y risa á quien los mira.

Volviendo á las primeras obras de Leonardo, dice el Vasari, que empezó la cabeza de Medusa en un cuadro al oleo de extraña invencion, la cual quedó sin concluir. Empezó tambien una adoración de los Reyes Magos, en que habia algunas cabezas bellísimas; pero jamas la concluyó, como por lo comun sucedia á todas sus obras: porque como era hombre de infinitas noticias y bellas ideas, vivísimo por naturaleza, y de un ingenio muy fecundo, lo mismo era dar principio á una obra, que ya le venia al pensamiento el emprender otra. Ademas del arte de la Pintura, de que hacia profesión con tanto esmero y dili-