Página:El Tratado de la Pintura.djvu/361

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de Leon Bautista Alberti — 245

levantará hácia una misma parte los paños. Asi se conseguirá también que la parte de las figuras en donde bate el aire, quedará ceñida de la ropa, y se verá la gracia del desnudo por detras de ella, y al otro lado las ropas ondeando en el viento con variedad de pliegues. En esto se observará que no vaya el movimiento de la ropa contra el viento, y que los pliegues no sean muy agudos ni redondos.

Todo lo dicho acerca del movimiento de los animales, y de las cosas inanimadas debe ocupar mucho la atención de los Pintores al ejecutar lo que se ha explicado acerca de la composición de las superficies, de los miembros y de las figuras. Y puesto que ya se ha tratado de las dos primeras partes de la Pintura, que son el dibujo ó contorno, y la composición, falta ahora hablar de la adumbración ó del clarooscuro. Ya se ha demostrado suficientemente la fuerza y virtud de la luz para variar los colores, pues sin alterarse de ningún modo estos hemos explicado de qué manera se manifiestan ó mas claros ó mas oscuros, según la mayor ó menor luz que reciban. Se ha dicho también cómo con el blanco y el negro se expresan en la Pintura las luces y las sombras, y que los demás colores vienen á ser la materia á que se agregan los varios accidentes de la claridad ú oscuridad. Esto supuesto, dejando aparte todo lo demás, debemos explicar ahora el modo de servirse el Pintor del blanco y del negro. Mucha maravilla causó á los Pintores antiguos el ver que Polignoto y Timantes no usaban mas que de cuatro colores, y Aglaofonte solo de uno, porque entre tanto número de ellos como juzgaban que habia, les parecia que eran muy pocos los que manejaban aquellos hombres tan célebres, y creian que un Pintor sobresaliente debe usar muchísimos colores. Es verdad que la multitud y variedad de colores da mucha gracia y hermosura á un