Página:El Tratado de la Pintura.djvu/376

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260 — Tratado de la Pintura

amigos; y será nuestro mayor anhelo el pensar y meditar cada cosa de por sí, de modo que no haya objeto en toda la obra, cuyo lugar y colocación no la sepamos bien. Para que esto se haga con mas exactitud, se pondrá una cuadrícula delante de los modelos que se hayan hecho, para que al ir á unir y acordar la composición, puedan colocarse las figuras en su respectivo lugar. Para perfeccionar el trabajo pondremos la posible diligencia junto con aquella celeridad necesaria para que no engendre tedio el acabarlo; pero no tanta que nos precipite el deseo de concluirlo. De cuando en cuando es preciso dejar el trabajo, y recrear y despejar el ánimo, y no hacer nunca lo que muchos, que emprenden una obra y á la mitad la dejan para comenzar otra, sino concluir enteramente lo que una vez se empezó. Enseñó á Apeles cierto profesor un cuadro, y le dijo: en un instante lo he pintado; á lo que le respondió Apeles: sin que tú lo dijeras lo he conocido; y lo que extraño es que no hayas pintado infinitos de este modo. He visto muchos Pintores y Escultores, y también mucho Poetas y Oradores (si es que hay en estos tiempos quien merezca tal nombre), que emprendieron con indecible ardor algunas obras, y habiéndose entibiado luego, dejaron lo principiado sin concluirlo ni perfeccionarlo; y al mismo tiempo solia venirles al pensamiento otro proyecto, y lo empezaban con el mismo ahinco que el otro. De ningún modo apruebo yo este modo de pensar: porque todo aquel que quiera que sus obras agraden á la posteridad, es preciso que las castigue bien primero, y las perfeccione con gran cuidado, pues en muchos casos sirve tanto la diligencia como el ingenio. Pero al mismo tiempo es menester huir de la superstición, digámoslo asi, de algunos, los cuales con el deseo de que sus obras no tengan defecto alguno, y estén con la posible perfeccion,