Página:El Tratado de la Pintura.djvu/38

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XVI

muchos dibujos y pinturas de su mano.

En Paris en el Palacio del Cardenal se ve una Nuestra Señora suya, sentada en el regazo de Sta. Ana, y en los brazos tiene al Niño Jesús que está jugando con una ovejita. El pais que sirve de campo á este cuadro es bellísimo; pero la cabeza de la Virgen quedó sin concluir. El Cardenal Richelieu tenia una Herodias de singular hermosura; y el S. Juan en el desierto, figura de cuerpo entero que está en Fontainebleau, y otro cuadro de la Virgen con el Niño y S. Juan, y un Ángel de admirable belleza, todos en un pais, son obras dignas de observacion. En el gabinete del Marques de Sourdis en Paris hay también otra Virgen muy buena del mismo autor.

Mr. de Ciarmois, Secretario del Mariscal de Schemberg, Caballero de insignes prendas, que uniendo en sí la curiosidad y la inteligencia tiene formada una copiosa colección de buenos cuadros, posee entre ellos uno de Vinci que representa en dos medias figuras al casto Josef huyendo de la hermosa y deshonesta muger de Putifar. Es un cuadro muy bello, y trabajado con suavidad y diligencia: la expresión es admirable; y el pudor del un rostro y la lascivia del otro mas parecen verdaderos que fingidos. Tiene también otro cuadro de la Virgen, Sta. Ana y el Niño con S. Miguel que le presenta una balanza, y S. Juan jugando con un corderito; todo sumamente hermoso. Pero seria nunca acabar querer referir una por una todas las obras de Leonardo: baste el haber hecho mención de algunas de sus pinturas; y ahora pasemos á hablar de las que hizo con la pluma.

Acostumbraba Vinci á escribir de derecha á