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EL CASAMIENTO DE LAUCHA

nos y recién entonces se acercó el comisario Barraba. Yo había hecho la chambonada de no decirle la cosa del zaino, y él le jugó al tordillo... ¡Se necesita andar en la mala!...

Contreras, y la mayor parte de los paisanos alegaban que el tordillo había ganado en buena ley, y que la rodada fué porque el zaino mancarrón, flojo de patas, no era para correr... El juez de la carrera se desgañitaba al cuete; no le llevaban el apunte, ni á mí, ni á mis amigos tampoco.

—¡Qué resuelva el señor Comisario!—gritaron algunos, de repente.

—¡Sí, eso es!... ¡eso es!—rebuznaron todos los que habían jugado al tordillo.

El gran pillo de Barraba dio la sentencia:

—La carrera es legal. ¡Haganau Contreras! Contra la fuerza no hay resistencia.

—Pero, señor comisario...—principié.

—¡Calláte y pela! Tenes que pagar á todo el mundo.