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EL CASAMIENTO DE LAUCHA

Pues en cuantito principió á clarear, ya estaba con los huesos de punta y con todo aprontado para el viaje...

Tomé unos cimarrones con ño Cipriano, que dormía en la otra punta del galpón sobre unas pilchas viejas, y con quien nos habíamos hecho amigazos. Cuando le conté lo de la sociedad y el viaje, bailando de gusto, me dijo muy serio:

—Tenga mucho cuidau, paisano, con lo qui hac'en la ciudá; no vay'á dejar qu'el asau si arda antes de qu'esté en su punto. Usté va lejos, pero más lejos van las mujeres... De puro desconfiadas y ladinas, cuand'uno va, ya están de güelta. No se me descuide, y se me quede di á pié cuando ya está estríbando!

Me hice el desentendido y me reí, brindándolé el mate que cebábamos una vez cada uno, á lo resero. Después me levanté para irme.