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EL CASAMIENTO DE LAUCHA

—¡Eh! ¡que siano felíche!...

No se quedó á comer como lo había invitado Carolina—y eso que era un gran tragaldabas, —seguramente porque en el Pago no se fuera á maliciar la cosa del casorio falluto.

Pero se llevó un pollo asado, una botella de Chianti y otras cositas más...

Carolina, que se pintaba sola para esas cosas, había hecho una cenita de regular arriba,—y los cuatro,—yo, ella, ño Cipriano y la parda,—nos sentamos á comer y á chupar en grande. ¡No, si era chacota!.... El viejo se le prendió al vino como guacho hambriento á leche recién ordeñada. La parda, del consiguiente. Carolina se puso medio alegrona, y yo... ¡no les digo nada!... A los postres ño Cipriano, para rematar la fiesta se le prendió á la caña de durazno y soltando refranes y dando consejos, se mamó tan fiero, que tuvimos que llevarlo al galpón entre los tres!...