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<—246herido de una lanzada; y avínole bien, que este era el de la escopeta.

Las demás guardas quedaron atónitas y suspensas del no esperado acontecimiento; pero volviendo sobre sí, pusieron mano á sus espadas los de á caballo, y los de á pie á sus dardos, y arremetieron á don Quijote, que con mucho sosiego los aguardaba, y sin duda lo pasara mal, si los galeotes, viendo la ocasión que se les ofrecía de alcanzar la libertad, no la procuraran procurando romper la cadena donde venían ensartados. Fué la revuelta de manera que las guardas, ya por acudir á los galeotes que se desataban, ya por acometer á don Quijote, que les acometía, no hicieron cosa que fuese de provecho. Ayudó Sancho, por su parte, á la soltura de Ginés de Pasamonte, que fué el primero que salió en la campaña libre y desembarazado, y arremetiendo al comisario caido, le quitó la espada y la escopeta, con la cual apuntando al uno y señalando al otro, sin disparalla jamás, no quedó guarda en todo el campo, porque se fueron huyendo, así de la escopeta de Pasamonte, como de las muchas pedradas que los ya sueltos galeotes les tiraban. Entristecióse mucho Sancho deste suceso, porque se le representó que los que iban huyendo habían de dar noticia del caso á la Santa Hermandad, la cual á campana herida saldría á buscar á los delincuentes, y así se lo dijo á su amo, y le rogó que luego de allí se partiesen, y se emboscasen en la sierra que estaba cerca.

—Bien está eso, dijo don Quijote, pero yo sé lo que ahora conviene que se haga; y llamando á todos los galeotes, que andaban alborotados, y habían despojado al comisario hasta dejarle en cueros, se le pusieron todos á la redonda para ver lo