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ral; retiró la tranca y desechó el cerrojo que la aseguraban; abrióla con mucho tiento, y se encontró en medio del campo.
Una vez allí, montó en la borrica, metióle los talones, y salió como una flecha con direccion á la ciudad; mas no por el carril ordinario, sino atravesando siembras y cañadas...
Era el tio Lúcas, que se dirigia á su molino.