¡Qué imprudente soy!—dijo.—¡Si me andarán ya buscando y yo me habré vendido al echar estas yescas!
Escondió, pues, la lumbre, y se apeó, ocultándose detrás de la borrica.
Pero la borrica entendió las cosas de diferente modo, y lanzó un rebuzno de satisfaccion.
—Maldita seas! —exclamó el tio Lúcas, tratando de cerrarle la boca con las manos.
Al propio tiempo resonó otro rebuzno en el camino, por via de galante respuesta.
—¡Estamos aviados! — prosiguió pensando el molinero.—¡Bien dice el refran: el mayor mal de los males es tratar con animales!
Y así diciendo, volvió á montar, arreó la bestia y salió disparado en direccion contraria al sitio en que habia sonado el segundo rebuzno.
Y lo más particular fué que la persona que iba en el jumento interlocutor debió de asustarse tanto del tio Lúcas, como el tio Lúcas se habia asustado de ella, pues apar-