yel miedo al trabuco con que le apuntaba la navarra, habian agotado las fuerzas del enfermizo anciano.
¡Memuero!—balbuceó.—Llama á Garduña... llama á Garduña, que estará ahí..en la ramblilla... Yo no debo morirme aqui...
No pudo continuar. Cerró los ojos, y se quedó como muerto.
Y se morirá comio lo dice!—prorumpió la seňá Frasquita. ¡Pues esta es la más negra! ¿Qué hago yo ahora con este hombre en mi casa? ¿Qué dirian de mí si se muriera? ¿Qué diria Lúcas?... ¿Cómo podria justificarme, cuando yo misma le he abierto la puerta? ¡Oh! no... Yo no debo quedarme aquí con él. ¡Yo debo buscar á mi marido, yo debo escandalizar el mundo ántes que comprometer mi honra!
CO, Tomada esta resolucion, soltó el trabufuése al corral, cogió la burra que quedaba en él, la aparejó de cualquier modo, abrió la puerta grande de la cerca, montó de un salto, á pesar de sus carnes, y se dirigió á la ramblilla.