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Página:El sombrero de tres picos (1874).pdf/142

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ido á la ciudad?—exclamó D. Eugenio, más aterrado que nunca.

—A lo ménos, eso me ha dicho ella...

—¡Corre, corre, Garduña! ¡Ah, estoy perdido sin remedio! ¿Sabes á qué va la señá Frasquita á la ciudad? ¡A contárselo todo á mi mujer!... ¡A decirle que estoy aquí! Oh, Dios mio, Dios mio! ¿Cómo habia yo de figurarme esto? ¡Yo creí que se habria ido al lugar en busca de su marido; y, como lo tengo allí á buen recaudo, nada me importaba su viaje! ¡Pero irse á la ciudad!!... Garduña, corre, corre... tú que eres andarin, y evita mi perdicion!

Evita que la terrible molinera éntre en mi casa!: Y no me ahorcará usia si lo consigo? preguntó el alguacil.

Al contrario! Te regalaré unos zapatos en buen uso, que me están grandes.

¡Te regalaré todo lo que quieras!

—Pues voy volando. Duérmase usía tranquilo. Dentro de media hora estoy aquí de vuelta, despues de dejar en la cárcel á