ciada de V. si le ha hecho algun daño al señor corregidor!
—Señor alcalde, señor alcalde!—exclamó en esto Toñuelo, entrando más mucrto que vivo. El tio Lúcas no está en el pajar. Su burra no se halla tampoco en los pesebres, y la puerta del corral está abierta... De modo que el pájaro se ha escapado.
—¿Qué estás diciendo?—gritó el señor Juan Lopez, ¡Virgen del Carmen! ¡Qué va á pasar en mi casa!—exclamó la señá Frasquita.Corramos, señor alcalde; no perdamos tiempo... Mi marido va á matar al corregidor al encontrarlo allí á estas horas...
—¿Luego V. cree que el tio Lúcas está en cl molino...?
Pues no he de creerlo? Digo más...
Cuando yo venia me he cruzado con él sin conocerlo. El era sin duda uno que echaba yescas en medio de un sembrado... ¡Dios mio! ¡Cuando piensa una que los animales tienen más entendimiento que las personas!
Porque ha de saber V., señor Juan, que