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LEOPOLDO LUGONES

de objetos que están todavía más allá de nuestro conocimiento, explicar lo visible complicado por lo invisible simple: he ahí la forma de inteligencia intuitiva a la cual debemos, gracias a hombres como Dalton y Boltzmann, la Atomística que este libro expone." Así vemos a físicos de la talla de Lorentz, obligados a idear sistemas privilegiados de materia en reposo absoluto, e hipótesis como la contracción como pensadora, prefiriendo la arbitrariedad ingeniosa al límpido rigor del raciocinio consecuente, para sostener los conceptos absolutos de tiempo y espacio, imposibles ya ante sus propias comprobaciones. Así, por último, prosperan de repente supercherías como la de los famosos caballos calculistas de Elberfeld, hasta en inteligencias tan elevadas como la de Maeterlinck.

Es que — y aquí entramos de lleno al dominio ya puramente psicológico del asunto — el concepto matemático falta o vacila hasta en las culturas muy elevadas. No se reflexionaba al declarar posible que los animales en cuestión efectuaran operaciones tan complicadas como la extracción de raíces cúbicas, que consistiendo aquéllas en el uso de valores y signos convencionales, requeríase haber establecido previamente dicha convención con los caballos, para lo cual empezaba por faltar el instrumento de comunicación, que es el lenguaje abstracto. Pero los engañados creían haber visto con entero resguardo de toda fraudulencia, como los cosmógrafos medioevales veían la bóveda celeste; y esa convicción o evidencia