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LEOPOLDO LUGONES

a los sentidos, aquella noción se espiritualiza, completando racionalmente el concepto del espacio. Este último, si lo consideramos intuitivo, resulta, por último, una noción de Dios. La trinidad teológica es el número del dios-espacio. Y ello se explica históricamente, con recordar que los autores del dogma trinitario cristiano, fueron los gnósticos de Alejandría, muy avezados, como buenos platónicos, a la especulación geométrica. Todos recuerdan la advertencia liminar de la Academia: "No entre aquí el que no sepa matemáticas".

La coordinación de los movimientos y direcciones, en recíproca influencia con la percepción, no es aplicable sólo a los vertebrados; pues según experiencias de Ives Delage, que de Cyon recuerda (op. cit. pág. 171), la destrucción de los "otocystos" causa iguales efectos en los seres de las otras ramas zoológicas.

Pero en la de los moluscos acéfalos, la orientación es ya un misterio impenetrable; en la de los artrópodos, ciertas hormigas se orientan por la incidencia de la luz; de tal modo, que si se la invierte por medio de espejos, la orientación del animal cambia en el acto. En la misma de los vertebrados, los ratoncillos bailarines y las lamperas son excepcionales respecto a la orientación recta o a la dirección espacial.

Generalizábamos geométricamente sobre la materia corpuscular y atómica, cuando el descubrimiento y el estudio del movimiento browniano impusiéron-