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LEOPOLDO LUGONES

tos últimos, no es conjeturable siquiera, pues exigiría tres imposibles mecánicos: la invariabilidad de las impulsiones, que aun como fenómeno instantáneo no existiría, por donde su repetición milenaria resulta intolerable absurdo; la supresión del rozamiento y la existencia material del punto tangente. 4ª Los planetas, al menos el nuestro, son cuerpos animados por un foco de calor central, cuya sola circulación a través de masa tan heterogénea, tiene que producir numerosas perturbaciones. Si en el corazón de un hombre o de una rana no hay dos latidos iguales, y si cada uno de éstos se propaga con movimiento real por todo el organismo de dichos seres, es de inferir lo que sucederá con el inmenso corazón de fuego del Planeta.

Por último, aun suponiendo que en las extensiones recorridas por los astros reine el vacío absoluto, la mera propagación de fuerzas distintas a través de ese vacío, constituiría un perpetuo cambio de condiciones.

La actividad del universo debe, pues, constituir un movimiento browniano incalculable para nuestros medios, y de posibilidades prácticamente eternas en consecuencia. No llegaríamos nunca a agotarlas, pues ese agotamiento, o cero, sería una subcantidad por relación a nuestro plano de percepciones sensibles y mentales: ; y la trascendencia de nuestros números constituiría una aproximación interminable hacia la simetría con esa subcantidad,