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ENEIDA.


XXX.

Brilla de luces prolongada hilera
Despartiendo los campos que ilumina.
La frigia turba, en tanto, plañidera
A los muros sus pasos encamina.
Retínense ambos pueblos; ya la entera
Procesion á los techos se avecina:
Las matronas la ven, y altos lamentos
Por la triste ciudad dan álos vientos.

XXXI.

A moderar á Evandro no es bastante
Fuerza humana. Allá vuela, allá se arroja,
Y deteniendo el féretro, á Palante
Postrado abraza, en lágrimas le moja,
Contra el seno le estrecha sollozante.
Cuando hubo apénas la mortal congoja
Dado paso á la voz, gimiendo dice:
«¡Ay hijo de mi alma! ¡ay infelice!

XXXII.

«En vano me ofreciste cautelarte
Del peligro fatal. Yo bien sabía
Cuánto en la guerra á seducir es parte
De la gloria el sabor; con qué energía
En el primer conflicto arrastra
Marte La juvenil ardiente fantasía!
¡Tristes primicias de tu edad lozana!
¡Dura preparacion de lid cercana!