Página:Ensayo sobre el Hombre - Alexander Pope - 1823.djvu/43

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Si en esta inmensa fábrica aspirara
Cada parte á ser otra desdeñando
El empleo y lugar que le ha prescrito
La excelsa mente del Rector supremo.

 No son todos los seres sino partes
De este admirable todo, cuyo cuerpo
Es la naturaleza, y Dios el alma.
Dios, que igualmente su poder ostenta
Grandeza y perfección creando la tierra,
O la esplendente bóveda del cielo;
Un átomo sutil, ó el Sol radioso;
Un hombre vil que en la miseria gime,
O el puro serafin que arrebatade
En éxtasis le adora. Para él nada
Es alto, bajo, grande, ni pequeño.
Todo ante Dios es nada. Su inefable
Epíritu penetra los abismos
Del cielo y de la tierra; enlaza, llena
Y lo sostiene todo ..... se transforma
En cada ser, quedando siempre el mismo.
Nos calienta en el Sol, y nos recrea
Con las alas del zéfiro; florece
En cada planta, y en loe astros brilla,
Inestenso se estiende; indivisible
Se difunde do quier; se comunica,
Se da sin perder nada: en toda vida
Vive; y anima la materia inerte;
En nuestra alma respira, siente, piensa;
Y obrando siempre nunca se fatiga.