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Página:Estudios históricos por Lord Macaulay - Biblioteca Clásica XVI (1879).pdf/101

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Lord Clive.

Occidente, con propósito de apoderarse de las indefensas riquezas del Indostan. Entre otros, un conquistador persa cruzó el Indo, penetró en Delhi, y despues de saquearla se llevó en triunfo sus tesoros de más valía, el trono del pavo real, obra de los más hábiles artistas de Europa, revestida de las joyas más ricas de Golconda, y la inestimable montaña de luz que, al fin de mil extrañas vicisitudes, briIlaba recientemente en el brazalete de Runjeet—Sing, y adornará en breve la horrible figura del ídolo de Orissa (1). Luégo vinieron los afghanes á terminar la obra destructora de los persas; las tribus guerreras del Rajpootana sacudieron el yugo musulman; una partida de soldados mercenarios ocupó á Rohilcund; los Sykes reinaban sobre el Indo; los jauts extendian la desolacion y el terror por la orilla del Jumma, y las cumbres que forman al Occidente la costa marítima de la India enviaron una raza más formidable todavía, que fué espanto de los monarcas indígenas, fuerte, indomable y que no cedió sino á la fortuna y al genio de la Inglaterra, despues de muchas batallas desesperadas y de dudoso éxito. Bajo el reinado de Aureng—Zeb descendieron por vez primera de sus montañas estas hordas de bandidos, y á poco de haber muerto, por todos los confines de su vasto imperio eran conocidas su saña y ferocidad. Dilatados y fértiles vireinatos se vieron totalmente sometidos á su dominacion, que llegó á extenderse de mar á mar, al traves de la península. Caudillos maharatas reinaban en Poonah, Gualior, Guzerate, Berar y Tanjore, sin perder sus (1) Despues de la derrota de los Sikhs, este famoso brillante figura entre las joyas de la corona de Inglaterra como trofeo del triunfo ofrecido por el ejército vencedor á los piés del trono.—N. del T.