cuando todo pareció perdido, cuando los confiados y optimistas creyeron deber renunciar á la esperanza, entonces se despertó el espíritu nacional, ardiente, altivo é indomable; que si el pueblo habia permanecido inmóvil cuando los acontecimientos parecian dar tregua, conservaba entera su virilidad para el dia de la desesperacion. Castilla, Leon, Andalucía y Extremadura se sublevaron al mismo tiempo; cada hombre se procuró un mosquete, y los aliados no fueron dueños sino de la tierra que pisaron. El soldado enemigo que se aventuraba ámetros del ejército de invasion corria gravisimo peligro de morir cosido á puñaladas; la parte que habian cruzado los conquistadores al dirigirse á Madrid y que creian haber sometido, estaba en armas á sus espaldas; y mientras la comunicacion con Portugal se hacía imposible para las tropas aliadas, el dinero comenzaba á afluir en abundancia al Tesoro del fugitivo rey.
En tanto que los castellanos se armaban en todas partes para defender la causa de D. Felipe, los aliados la servian con toda eficacia, cometiendo cada dia nuevas y mayores faltas. Galway permanecia en Madrid, donde sus soldados se abandonaban á la más desenfrenada licencia y tenian llenos de enfermos los hospitales; Cárlos estaba en Cataluña, sin adelantar un paso, haciendo vida muelle y palaciega; y Peterborough, que habia tomado á Requena y queria dejar á Valencia para dirigirse á MaMadrid á operar su reunion con Galway, se vió contrariado por el Archiduque, opuesto al proyecto.
Peterborough, entónces, permaneció en su ciudad predilecta, á orillas del Mediterráneo, leyendo á Cervantes, dando bailes y comidas, procurando inútilmente divertirse con el espectáculo de los to-