la impudencia con que se abandonaba al más gro sero é innoble de los vicios. Y era tan grande su pereza, que en medio de una ruda campaña y rodeado de peligros, se le vió pasar dias enteros sin moverse de la cama. Habia costado su apatía no pocos y graves reveses á la casa de Borbon; pero cuando una circunstancia cualquiera determinaba en él una reaccion y lo despertaba de su letargo, desplegaba tantos recursos y tanta energía y presencia de ánimo como despues de Luxemburgo no habia demostrado ningun general, y desquitaba con usura lo perdido.
En aquella crisis, Vendôme se mostró digno de la fama que gozaba como capitan ilustre. Partió de Talavera con sus tropas, y comenzó á perseguir á los aliados, que iban en retirada con una rapidez sin igual en aquella estacion y en aquel país; y de esta suerte, marchando noche y dia, pasó á la cabeza de su caballería el rio Henares, y al cabo de pocos dias alcanzó á Stanhope, que se hallaba en Brihuega con el ala derecha del ejército aliado. «Ninguno de nosotros, dice el general inglés, sospechaba siquiera que se hallasen á algunas marchas de distancia cuando los vimos; así que debemos nuestra desgracia á la increible diligencia de sus tropas.» Stanhope no tuvo tiempo sino para enviar un mensajero al centro de su ejército, que se halla ba á algunas leguas de Brihuega, cuando Vendôme cayó sobre él.
Atacó la poblacion por todas partes; hizo jugar la artillería, y voló edificios por medio de minas: los ingleses sostuvieron un fuego terrible mientras tuvieron pólvora; luégo pelearon á la bayoneta desesperadamente contra fuerzas superiores, llegando hasta á incendiar las casas que habian ocupado los de D. Felipe; pero todo fué en vano; y compren-