lectura todo el tiempo que le dejaban libre sus ocupaciones, y adquirió alguna instruccion. Antes nada sabia, y aquellos fueron los únicos estudios que hizo en su vida.
Pero ni el clima, ni la pobreza, ni el estudio, ni el verse desterrado fueron partes á domar su carácter discolo y audaz; y así como en la niñez no hubo nadie respetable para él, así en aquella sazon trataba á sus jefes y superiores, por cuya causa estuvo más de una vez en peligro de perder su destino.
Exasperado, sin duda, con las contrariedades que sufria, dos veces consecutivas atentó á su vida; pero en ambas ocasiones no hizo fuego la pistola, circunstancia que le pareció, como á Wallenstein un caso análogo, del mejor augurio para lo porvenir Acaeció entonces un suceso que, si tenía la apariencia de concluir con todas las esperanzas de su vida, en realidad fué base de su fortuna, abriendo ancho camino á su ambicion. Contaba ya largos años la guerra de sucesion de Austria, durante la cual Jorge II permaneció fielmente aliado á María Teresa, contra el poder de la Francia, sostenedora del opuesto bando. Bien que ya en aquella época fuese la Inglaterra la primer potencia maritima del globo, no se hallaba en el caso todavía de hacer frente por mar á todas las naciones á un tiempo, y no sin pena sostenia ia lucha contra las escuadras franco—españolas. En los mares de Oriente, la Francia la llevaba gran ventaja. M. de Labourdonnais, gobernador de la isla Mauricio, hombre de grandes virtudes y merecimientos, dirigió, á pesar de la flota inglesa, una expedicion contra el continente índico, y se apoderó de Madrás, cuyo fuerte se rindió á sus armas, izándose la bandera francesa donde flotaba el pabellon inglés, y declarándose despojo