Página:Francisco de Sales Mayo - Diccionario gitano (1867).djvu/30

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mente, pero con una expresion de vigor y agilidad, que la hacen parecer al milano cuando en lo alto de la roca bate sus alas dispuesto á caer sobro la paloma temblorosa.

¡Ah! Doncellas de Sevilla, que os asustais del aspecto de la mujer extraña. ¡Si supiérais cuánta saña alberga en su alma, ella, la de casta romaní, contra todas las demás castas, contra los busnés, como en su lengua se llaman los que no son de sangre gitana!....

¡Ay! Entónces bien pudiérais exclamar con maryor motivo ó con mayor sorpresa: ¡Ave María purísima!

Y, en efecto; hé aqui cómo habla ella, y cuál piensa cuando habla:

«¡El Dios de Egipto sea en esta casa! ¡Él os bendiga, mi noble dama! (¡Mal fin tenga tu cuerpo, vil cortesana!)

»Bendiga Dios también á esas tres rosas virginales que os acompañan. (¡Mil moros furiosos las deshojen con violencia insana!)

»Compadeceos, señoras, de esta pobre vagabunda, cuyo pueblo viene de allende el mar, á purgar un grave pecado. Dios quiso castigarle porque negó asilo á la Virgen Maria y á su Hijo Jesús, cuando huian del rey Heródes. Hasta un poco de agua del rio Nilo, que en Egipto corre para todos, rehusó mi pueblo á la Santísima Madre y al Divino Niño.

»Y Dios quiso que hiciésemos penitencia, y nos lo quitó todo: tierra, pan, techo y cama. Sólo nos dejó la ciencia de lo futuro, el don de conocer la suerte de las otras gentes, para que asi pudiéramos mendigar nuestro sustento misero.

»¡Oh! ¿Quién cómo los Egipcios puede leer en las estrellas? ¿Quién cómo los Egipcios puede leer en la palma de las manos? ¿Quién como los Egipcios puede anunciar la alegre nueva?