Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/127

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de Villena, que habia sido paje de don Alvaro. La penuria del tesoro, que en el reinado anterior era casi completa, no contuvo las estravagantes y vergonzosas liberalidades del que la fama señalaba ya con el sobrenombre de impotente. La corrupcion se estendia por los brazos del estado, la majistratura y las dignidades eclesiásticas servian para pagar bajos y abominados servicios, y para colmo de infortunio la alteracion del valor de la moneda, impúdicamente protejida por el gobierno, vino á empeorar la miseria jeneral.

No bien hubo muerto su padre cuando don Enrique relegó á su triste viuda en el monasterio de Arévalo, el mismo en que don Pedro el cruel hizo encerrar á la desdichada Blanca de Borbon al dia siguiente de sus bodas. Olvidados en aquella soledad, y careciendo de las cosas que la costumbre hace necesarias, esperimentaron estos desgraciados príncipes las amarguras de la indijencia; aumentóse el dolor de la de Portugal con el espectáculo de su mísera situacion, su carácter se tornó sombrío y se debilitó su cerebro. Don Alfonso estaba entonces en la cuna y doña Isabel tenia cuatro años. En esta edad, en que los niños al sentir que un amor tutelar vela por ellos, no fijan su atencion mas que en cosas pueríles, comprendió la infanta que se debia á su madre y á su hermano.

Su tierno afan y su juicio apresuraron la madurez de su entendimiento, examinó las cosas bajo su verdadero punto de vista, y se penetró de la pequeñez é instabilidad de las grandezas humanas. Un ejemplo de esta terrible verdad era su madre, privada de la corona, y en seguida de la razon, despues de haber recibido las aclamaciones del pueblo.

El tiempo la enseñó tambien que solo podia contar verdaderamente con el apoyo de Dios é invocó su auxilio fervorosa y cándida, otorgándola el todopoderoso en premio de su entera confianza una gracia superior al poder de los reyes; el don de sabiduria que habia de