Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/224

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laban por la superficie del agua, en demanda de la torre de la Arenilla, y bien pronto las sinuosidades del Odiel las ocultaron á los tristes ojos de las jentes. Pero desde la azotea del convento estuvieron viéndose las naves por espacio de tres horas, hasta desaparecer en la linea azulada del horizonte.

 No es posible que el P. Marchena, que fué el primero en España que amparó á Colon,*[1] y que le dió el primer socorro y el primer apoyo, olvidara enviarle desde aquella altura su última despedida, llamando la bendicion del señor sobre una empresa á todas luces inspirada por él, como lo prueba el sello de prodijiosa y sobrenatural que llevó siempre.

  1. *Al llegar á este punto no podemos menos de recordar una frase emitida por el distinguido escritor don Adolfo de Castro, en su Historia de Cádiz y su provincia. Dice así: ”Al fin en la civilizacion cristiana por medio del P. Marchena halló acojida y decisivo apoyo el representante de la civilizacion romana, vaticinadora del descubrimiento del nuevo mundo: Cristóbal Colon, el nuevo Tifis anunciado.”
     El que en la civilizacion cristiana, por medio del humilde guardian de la Rábida, halló acojida y decisivo apoyo, no fué el representante de la civilizacion de la Roma pagana, del pueblo que echaba los cristianos á los leones, y cuya horrible persecucion á estos está todavia escrita por las derruidas paredes de las catacumbas, ni menos el piloto del Argos, sino el representante de la Roma cristiana, el sucesor de los apóstoles y de los profetas, vaticinadores del descubrimiento del nuevo mundo, el nuevo S. Cristóbal, el que, como aquel jigante cuyo nombre llevaba, habia de trasladar de una á otra ribera la flor de la raiz de Jesee, emblema de la redencion del jénero humano, símbolo de la verdadera civilizacion.
    N. del T.