Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/23

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XIX

suple los encantos del estilo, se lea nuestro libro.

 Existe un corro de publicistas, que no aprecia la crónica sino cuando se escribe con la mente, no con el corazon, y á los que la idea sola de que el alma del autor se mezcle en la narracion, parece una infraccion de las reglas de la composicion histórica. Pero el historiador que toma por costumbre contener en los límites de una elegante fraseolójia los rasgos de una seca y árida imajinacion, carece de ánimo, y dá muestras de cobarde.

 Mal que les pese escribiremos, obedeciendo á nuestro propio impulso, sin dejarnos llevar de las exijencias sistemáticas de la escuela que pretende imponer la ley en este caso: referiremos tan solo uno por uno y por su órden los acontecimientos inherentes á los actos ó á la persona de Colon, absteniéndonos de hablar del estado de los pueblos que descubrió y que observó el primero. Los detalles de su administracion, las consideraciones científicas, que parecen naturalmente desprenderse de sus viajes, nos están vedadas, porque no caben en los estrechos límites del cuadro que nos hemos trazado.

 Antes de comenzar, debemos responder á estas preguntas que se han reiterado muchas veces. ¿De dónde proviene que la vida del héroe, á quien el jénero humano debe la posesion del otro hemisferio, no haya sido nunca escrita por un católico? ¿Por qué tan solo los escritores protestantes, dueños de tan famosa biografía, abrogándose el privilejio de mostrarnos esclusivamente por su objetivo la imájen de Colon, han llegado á imponer