Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/261

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sesion en la forma solemne, es decir, erijiendo una cruz. Era en extremo llana, y parecía ser muy fértil; y sus habitantes por la fisonomia, la desnudez, la confianza y la dulzura de su carácter recordaban los de San Salvador. Admiraban tambien á los extranjeros milagrosos, les dejaban reconocer libremente su tierra, y les daban con respeto cuanto les pedian.

 Dirijióse en seguida Colon en demanda de otra isla, que atendiendo á las susceptibilidades del rey, nombró Fernandina, aun antes de desembarcar. Los naturales, semejantes á los ya vistos, parecían sin embargo, como dijo el virey. "Mas dóciles y tratables, mas civilizados y hasta mas arteros."[1] Trabajaban el algodon, y fabricaban hamacas, mantillas y nagüetas para las mujeres casadas; y sus chozas, construidas en forma de tienda de campaña, daban fe de su esquisito aseo.

 Mientras que bajo la proteccion de un piquete, los marineros de servicio hacian aguada, el almirante se paseaba embelesado por los bosques, y admiraba agradecido la multitud de plantas, que tenia á su alrededor, procurando conocerlas. Desplegaba la vejetacion un lujo nunca visto, y su variedad era infinita. La abundancia y la espesura de los árboles hacia que las ramas, los troncos y los retoños confundieran sus brazos, mezclando sus hojas de tal modo, que uno mismo parecia llevar por partes cañas y lantiscos. Oprimidos entre sí los vejetales, entrelazaban su follaje, hasta el estremo de producir esa ilusion, que despues han esperimentado los botánicos allí: por eso en los primeros dias creyó Colon que aquellos árboles diversificaban sus productos.

 Habiéndole dicho los indíjenas que á cierta distancia estaba una grande isla llamada Saometo, cuyo rey llevaba vestidos y mucho oro sobre su persona, salió inmediatamente para ella.


  1. Diario de Colon. Mártes 16 de Octubre de 1492.