Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/269

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das de pájaros de reluciente plumaje. Distinguió también entre tantas clases de vejetales muchas especies de palmeras, diferentes de las que crecían en España, en las Canarias y en la costa de África.

 Deseoso de comenzar cuanto antes la busca del oro, y su colección de productos del pais, saltó el almirante en tierra, y después de tomar posesión de ella en la forma acostumbrada, clavando una cruz, la dio el nombre de Juana, y á la rada el de San Salvador. Como divisara entonces dos casas á lo lejos, se dirijió hacia ellas, y entró; pero los habitantes hablan huido, y no halló sino un perro feo, cobarde y mudo, inútil guardián de algunos utensilios de pesca. Reiteró su prohibición de tocar ningún objeto, y remontó el rio hasta gran distancia.

 La tranquilidad y trasparencia de las aguas, la suavidad del aire embalsamado, la rica tapicería que formaba la vejetacion, el murmullo de los cañaverales, los insectos brillantes, las mariposas de color de oro, los presumidos colibrís, los guacamayos vestidos de vistosas plumas, el coro de innumerables avecillas escondidas entre el ramaje, el matiz de las flores, la gracia, el perfume, la infinidad de tonos del paisaje, los susurros, los sonidos vagos ó cadenciosos que se prolongaban al través de los bosques, la fertilidad apoderándose de lo inculto, la vida, la savia, la organización jerminando por todas partes, presentándose á los ojos del hombre risueña, palpitante, tierna, adornada de galas tan estraordinarias, que ni se soñaron siquiera en nuestra Europa antes de aquel dia, abismaron su alma en dulce é indefinible encanto, y esclamó candorosamente, "que no podría separarse de aquellos lugares sin pena, y solo con la esperanza de tornar á ellos." Comprendió que iba pasando por la tierra privilejiada de la naturaleza, que se acercaba á la mansión encantadora de las rejiones equinocciales, y dijo entonces, cuando las dos terceras partes del globo no se conocían aun, "que aque-