Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/331

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intelijencia, el ascendiente que ejercía la presencia de Colon. Su aspecto disipó las señales de resentimiento y cólera, y prohibió con la mayor severidad cualquier tentativa sobre su huésped, mandando por el contrario que se le tratara con la debida consideración. Otros consejeros menos violentos que astutos, reconocían en principio, que habia una obligación en los monarcas de acojer en sus puertos á los que en ellos se refujiaban; y opinaban porque se dejara salir libre á el almirante; pero querían que la cuestión de la descubierta se resolviese con las armas, y que antes de que Castilla hubiera aprestado lo necesario para un segundo viaje, se tomase militarmente posesión del terreno, lo cual seria fácil guiándose por las indicaciones de los dos portugueses que venian en la carabela. Don Juan siguió este consejo, y en seguida combinó su espedicion en secreto. El Lúnes se despidió Colon del rey, que le colmó de distinciones, y de cuya órden don Martin de Noroña le fué acompañando hasta gran distancia con todos los señores de la corte, para honrarlo mas. Una urjente invitación de la reyna obligó al almirante á ir al monasterio de San Antonio, donde se hallaba con las principales damas de su servicio. Mucho lo agasajó la esposa de don Juan, y muy complacida quedó con oir sus respuestas acerca de aquel nuevo mundo, al que deseaba llevar la ley del Evanjelio. Su curiosidad lo detuvo tan largo espacio, que cuando salió para ir á re- posar á Llandra estaba cerrada la noche. Al despertar al dia siguiente llegó un escudero del rey á ofrecerle de parte de su señor, si prefería partir por tierra, acompañarlo hasta la frontera, y facilitarle por cuenta de la corona alojamiento, caballos y cuanto necesitase, presentándole al mismo tiempo una mula, que D. Juan le regalaba, y otra, con veinte ducados de oro al piloto que iba con él. Pero el almirante prefirió tornar embarcado, puesto que el tiempo estaba mejor. Llegó á