Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/430

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formaba un recodo inmenso, dirijiéndose al N. Una tem- pestad, horrorosa los puso en gran peligro de perecer, y cuando se disipó, se encontraron en medio de mul- titud de escollos á flor de agua, de islotes y bancos, en- tre los cuales hicieron una legua, visiblemente guiados por la divina providencia; pues un numero infinito de ellos, unos bajos y arenosos, y otros altos y verdes y de risue- ño aspecto, formaban como un laberinto. No pudiendo dar á cada uno un nombre particular, los llamo Colon colectivamente los Jardines de la Reyna. Sus oficiales le suplicaban abandonase aquellos parajes, en que retroce- der no era menos dificil que avanzar, y en que se corria el riesgo de estrellarse á cada instante, á causa de los chubascos que venian de diversos puntos, haciendo ne- cesarias las maniobras continuas, tanto mas temibles, en razón de los peñascos que amenazaban las quillas, y del fondo cenagoso que no aguantaba á las anclas. Fenómenos singulares llamaron la atención del almi- rante. Los caprichos de la atmósfera presentaban una regularidad periódica, propia para sorprender al grande observador. Por la mañana venia el viento del E. y por la tarde del O., y á la entrada de la noche pardos nu- barrones llegaban del occidente y se estendian en el Cé- nit, lanzando relámpagos y truenos; pero desde que la luna asomaba en el horizonte aquel aspecto amenazador desaparecia como por encantamiento.¹ Esta particulari- dad atmosférica, y el número considerable de islas lo inclinaban á creer que se encontraba en el archipiélago de los cinco mil islotes, situado á la estremidad de la India, y de que hablan Marco-Polo y Mandeville; y á pe- sar de que las carabelas hubiesen tocado el fondo mas de una vez, no obstante las precauciones de los pilotos, no queria abandonar el pais sin haberlo reconocido per- fectamente. Prosiguió pues, á través de incesantes peligros é in-

1. Fernando Colon. Historia del almirante, cap. LV.