Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/494

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CAPITULO VIII.


I.


Dispuso en seguida el almirante que se procediera á carenar la Santa Clara y á construir otra carabela que se llamaria Santa Cruz; que él comprendia la urjencia de llegar á Castilla al mismo tiempo que su nuevo acusador. Durante las obras del nuevo bajel, para el cual se aprovechaban los destrozos de las carabelas destruidas por el huracan y que las olas iban arrojando á la playa, recibió, para consolarlo de aquel siniestro, una nueva que habia de ser mas provechosa á su defensa que el relato de su administración, dirijida por una prudencia superior y cuya única falta fué su escesiva bondad.

Meses antes del horroroso temporal el joven Miguel Diaz, natural de Aragón, puesto á las órdenes de don Bartolomé, hombre de tanto corazon y buena presencia como de carácter violento, tuvo una reyerta con uno de sus compatriotas á presencia de varios españoles, y habiéndose batido con él á cuchilladas á la usanza de los catalanes, dejó á su adversario anegado en un charco de sangre. Sabiendo la inflexibilidad de don Bartolomé no se atrevió, aunque criado suyo, á implorar su gracia, y tomó la fuga con los testigos del duelo. Su marcha errante los condujo á orillas del Ozama, en tierras de una joven cacique cuya hermosura fascinó á Miguel: otro tanto aconteció á la india con el español, y prendada de