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JOYAS DEL TEATRO.
 
TALERM.

Veis el sudario, pobre vestidura
que al mortal que desciende á este recinto
tan solo guarda Dios? Pues bien, en nombre,
en nombre de ese Dios grande, infinito,
lo suspendo sobre ella.—De Romeo,
de Romeo el enlaze bendecido
aprobariais vos?

CAPULETO.

aprobariais vos? Antes, anciano,
eterno caiga sobre mi el ludibrio,
morir primero que abjurar mis odios.
Morir antes, Talerm.

TALERM.
(Dejando caer el sudario que oculta á Julieta.)

Morir antes, Talerm. Estaba escrito!
No conmueve la fé de mis palabras
su corazon, su corazon de risco.
Descansa pobre victima inocente!
del sepulcro la paz sea contigo!

(Baja pausadamente las gradas y se retira silencioso, siguiéndole Capuleto con la cabeza inclinada.)





ESCENA III.
Queda solo el teatro unos breves instantes iluminado por la débil luz de la antorcha. Aparece á poco ROMEO dirijiendo vagas y errantes miradas por toda la escena. JULIETA dormida.
ROMEO.

Solo estoy… solo estoy!… pero me aterra
tal soledad.—El corazon me oprime
el silencio mortal que reina en torno…
Me ahogo aquí… me ahogo…—Tengo frio!—
Parecióme una vez que de mis pasos
al repetir las bóvedas el eco,
alzaban su cabeza descarnada
los nobles Capuletos que aquí yacen,
y cl rumor espantoso de los huesos
al chocar entre sí, distinto oia,
y murmullos lejanos escuchaba,
y fosfóricas luces distinguia!
El espanto me heló! Delirio insano
mi mente fascinó. Vi que las tumbas
ancha su boca y sepulcral abrian.
y fuera los cadáveres echaban,
y todos sobre mi se abalanzaban,
y todos hacia mí se dirijian,
y moviendo sus brazos de esqueleto,
fatídicos siguiendo mi camino,
con voz fatal que el eco prolongaba
á mi oido gritaban: asesino!
Espantosa vision!

(Pausa.—Romeo pasea sus ojos por su alrededor.)

Espantosa vision! Siempre sepulcros!
Manes sagrados de la noble raza
á mi estirpe encmiga, Capuletos,
duerman en paz vuestras guerreras frentes
en sus lechos de piedra; no irritados
al verme entre vosotros abatido
levanteis vuestros brazos descarnados…
yo vine aquí… yo vine.…—Á qué he venid
Para qué vine aquí?… Porqué bajado
á la mansion eterna del olvido?…—

(Pausa. Recorre el teatro con la vista.)

Tenia el corazon despedazado…
me sentia morir!…

(Procurando recordar.)

me sentia morir!… Mi mente débil
no puede recordar…

(Clava sus ojos en el mausoleo de mármol, lee el nombre de Julieta, despide un grito premo y retrocede con señales de terror.)

no puede recordar… Oh! Dios! Julieta!

(Cae de rodillas y oculta su rostro entre ambas manos. Se levanta á poco.)

Allí está… allí está!… Ya en el sepulcro
descansa en paz su inanimada frente!…
Quiero verla otra vez!… yo quiero verla
La han dejado morir!…—Padre culpado
Quiero morir con ella! Yo en su tumba
mi postrer sueño dormiré á su lado.

(Sube las gradas; arranca el sudario y queda descubierta Julieta. Romeo permanece inmóvil durante algun tiempo, de pronto baja violentamente, recorre el escenario buscando un arma con que herirse, y recordando la sortija que le diera el cautivo gefe africano, la acerca á sus labios y bebe el veneno guardado en el ella.

Quiero morir!… morir! Donde hay un hiero?
donde un puñal?… No hay nada que me mate?

(Recordando.)

Bendicion!… la sortija… mi sortija!

(Despues de haber bebido.)

Ya tuyo soy, Julieta!

(Pausa. Se adelanta silencioso y se arrolla en la primera grada del mausoleo.)

Ya tuyo soy, Julieta! Pobre mártir!
Mi amor te fué fatal. Yo de tu vida
la pura y casta fé rasgué á pedazos,
cuando una noche de locura y vértigo
ébria de amor te recibí en mis brazos.
Dios en tu corazon puso su imajen: