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La Eneida.


LIBRO VIII.


 Desde que Turno enarboló la enseña
De guerra en el alcázar de Laurento,
Y alli se dejó oir el eco ronco
De la trompa marcial, y sacudiendo
La rienda en sus bridones impacientes,
Hiere el escudo con su lanza; presto
El furor del combate se apodera,
De todos los espiritus guerreros
Del Lacio; todo se arma en la defensa
De la patria en peligro. Ya los fieros
Jóvenes se abandonan bulliciosos,
Al feroz arrebato de su fuego.
Mesapo, Ufens, Mezencio, que desprecia
A los Dioses, y los mas intrépidos
Adalides reunen las sus tropas
De todas partes, olvidando el suelo